miércoles, 26 de junio de 2013

Inteligencia emocional


La inteligencia emocional, además de ser muy útil para controlar la presión que supone el deporte y para saber controlar nuestras respuestas ante algo que nos "enerva", es algo fundamental para nuestras vidas. Aquí un pequeño artículo de El diario de cordoba bastante interesante.


Hablar de Inteligencia Emocional hoy en día es mucho más fácil que hace años, ya que casi todas las personas estamos mucho mas concienciadas, no sólo de su existencia, sino de que es mucho más importante desarrollarla que muchas otras inteligencias de las que hablo el Dr. Howard Gardner, tales como lógica, matemática, espacial, intrapersonal, interpersonal, lingüística, kinestésica o musical, para tener éxito en cualquier área de nuestra vida. 

La capacidad de gestionar nuestras emociones nos da mucho más poder a la hora de manejar problemas, de relacionarnos e incluso de tener una vida mucho más feliz. 

En realidad la la Inteligencia Emocional es una forma de interactuar que tiene muy en cuenta los sentimientos y comprende un amplio abanico de habilidades a desarrollar: control de impulsos, autoconciencia, motivación, entusiasmo, empatía o capacidad de comprender a otras personas, autodisciplina, etc. 

Aprendemos a desarrollar nuestra inteligencia emocional en nuestra casa, con nuestros padres, familiares y personas más cercanas y justo porque la podemos aprender, es considerada una inteligencia. Nunca es tarde para desarrollarla, aunque es evidente que comenzar a incorporar herramientas de gestion emocional desde niños es mucho más efectivo y sostenible además de evitarnos muchos malos momentos a lo largo de nuestra vida. De hecho, hace años que se demostró que una persona que es emocionalmente inteligente es capaz de desarrollar más habilidades sociales y sus relaciones interpersonales son mucho más satisfactorias. La autoimagen de uno mismo y la autoestima es mucho más sana, se tienen muchos menos pensamientos autodestructivos, mengua la tristeza y la depresión y hay mucha menos ansiedad y estrés, eso que ya es considerado la gran enfermedad del siglo veintiuno. 

Es una evidencia también que una persona emocionalmente inteligente sufre menos trastornos alimenticios y una mejor conducta social. Personas emocionalmente inteligentes desarrollan una menor capacidad de respuestas violentas y menos agresiones hacia los demás. 

Por último y pensando en los más jóvenes, he de decir que un niño emocionalmente inteligente tendrá mucho mejor rendimiento académico, mejor adaptación escolar en todos los sentidos y por supuesto una mayor capacidad de manejar sus frustraciones, algo clave y necesario hoy en día. No permitir que nuestros hijos se frustren y tratar de complacerles en todo lo que desean, es alejarlos de la posibilidad de ser entrenados en la Inteligencia Emocional. 

Estos jóvenes, más inteligentes emocionalmente, tendrán muchísimas menos posibilidades de caer en manos de las drogas, el alcohol o el tabaco. La edad para comenzar en estas adicciones es cada vez menor y esto es una evidencia de la necesidad urgente que tenemos como sociedad de implantar modelos donde se nos desarrolle la inteligencia emocional. 

Aprender a gestionar nuestras emociones es aprender a gestionar nuestra vida, nuestro entorno, nuestras relaciones e incluso nuestra salud. Las emociones no son gratuitas, todas tienen facturas que pagarse a nivel de salud. Unas potencian nuestra salud, como la alegría, la felicidad, el entusiasmo, la pasión, etc. y otras justo lo contrario, es decir, nos enferman. Emociones como la rabia, la ira, la tristeza, la culpa o el miedo, no sólo bloquean nuestro potencial, sino que hacen que nuestro cuerpo segregue hormonas nocivas para nuestra salud y calidad de vida. 

Las personas estamos sometidas a miles de estímulos externos al cabo del día, situaciones que provocan emociones, pero es importante saber que entre ese estimulo, situación o acontecimiento y la emoción hay algo donde podemos poner nuestra atención y comenzar a elegir la emoción que voy a sentir. Es la interpretación, es decir, la historia que me cuento acerca de lo que está ocurriendo. Es una muy buena pregunta cuando estés sintiéndote mal ¿qué estoy pensando en este preciso instante para sentirme así? o ¿qué estoy creyendo sobre este asunto que me lleva a experimentar esta determinada emoción? 

Quizá no podemos intervenir en el acontecimiento externo, pero lo que si podemos hacer es elegir la historia que me cuento a mi mismo para generar la emoción y de esta manera poder provocar acciones más coherentes con los resultados que me gustaría lograr. Esta posibilidad de elegir la interpretación determina definitivamente nuestra fuerza vital, ya que toda nuestra vida gira en torno a nuestras emociones. 

Tenemos derecho a sentirnos como nos sintamos, pero eso no nos excluye de la responsabilidad de elegir las emociones que sean más sanas para nosotros y nos hagan ser más operativos y resolutivos. 

Una sociedad más inteligente emocionalmente es una sociedad más preparada para soportar situaciones caóticas y una sociedad mucho más preventiva en cuanto a acontecimientos como los que estamos viviendo en este momento de la historia. 

Estoy seguro de que si desarrollamos nuestra Inteligencia Emocional, nuestro futuro y el de nuestros hijos será mucho más grande y hermoso de lo que podemos imaginar.

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